Cusco, el Ombligo del Mundo

(Primera parte)

Hasta que por fin llegó el día en que estaba pisando suelo cusqueño, después de haber volado de Santiago a Lima y luego de Lima a Cusco. Eran las 6 de la mañana, y del frío y del sueño se hizo cargo un rico mate de coca con muña, un brebaje caliente que te despierta de una! Tímidamente la ciudad comenzaba a entibiarse con un sol cada vez más radiante, como sabiendo que en un par de días, y por más de 500 años, sería nuevamente objeto de veneración.

Cusco fue la capital del Imperio del Tahuantinsuyo, los cuatro suyos en que se dividía el mundo. Su territorio abarcó desde Colombia hasta el río Maule en Chile, pasando por Ecuador, parte de Bolivia y Argentina. Sus inicios se remontan alrededor del siglo XIII y fue abruptamente (más bien brutalmente) conquistado por los españoles en el año 1533. Sin embargo, y a pesar de su efímero paso por la línea de tiempo de la historia conocida, su legado es innegable y hasta hoy perdura como testigo mudo de una gran civilización con un sistema religioso, económico y social muy bien organizado.

Mi viaje era para la primera semana del mes de mayo, pero me pidieron viajar en junio para estar presente en Inti Raymi o Fiesta del Sol que se celebra cada 24 de junio -llegué el día 21- así que tendría un par de días para conocer y aclimatarme.

Día 1: De Cusco a Machu Picchu, recorriendo el Valle Sagrado

Chinchero

Después del desayuno y de recorrer un poco el casco histórico de Cusco, comenzamos nuestro viaje con destino a Machu Picchu. De la altura no tengo mucho que decir, no sentí molestias durante el viaje. Cabe mencionar que Cusco está a 3400 m.s.n.m. y muchas de las localidades que voy a mencionar más adelante, están un poco más elevadas aún.

Mientras nos adentrábamos en los caminos para salir de la ciudad, me llamó la atención lo estrecho y empinadas de sus calles. Luego de unos 40 minutos estábamos en una localidad llamada Chinchero (3800 m.s.n.m.). Aquí fuimos recibidos por una comunidad de mujeres quechuas que nos enseñaron el arte del proceso de la lana de alpaca, desde su esquila hasta su tejido, pasando por lavado, teñido e hilado. Nos vistieron con sus trajes típicos y nos recibieron con cánticos quechuas, nos sirvieron más mate de coca y nos explicaron paso a paso todo el proceso. Todo muy ceremonioso y con mucho respeto hacia sus raíces.
Totalmente recomendado, no dura más de 40 minutos así que no te quitará mayor tiempo.

A unas pocas cuadras se encuentran el Parque  Arqueológico de Chinchero, un maravilloso y ancestral lugar donde aún se puede sentir y ver la cultura inca tal como fue en épocas pasadas. Posee una gran plaza asentada sobre lo que fue un palacio inca, con una feria de artesanía típica donde aún se realizan prácticas antiguas de mercadeo y en donde se puede observar a los pobladores con la vestimenta típica de sus antepasados.

Tejedoras Quechuas

Iglesia de Nuestra Señora de Monserrat construida sobre el Palacio del Inca Tupac Yupanqui. Al pie de la foto, la plaza y pobladores locales vendiendo sus productos

Ruinas Incas

 

 

 

 

 

 

 

 

Chinchero es la perfecta representación de la fusión entre la arquitectura inca y la arquitectura colonial, y que lo convierten en un lugar único. Es posible admirar los restos de lo que fue el palacio del Inca Tupac Yupanqui, y sobre las ruinas la Iglesia de Nuestra Señora de Monserrat construida en el año 1607.

La historia cuenta que en 1540 Manco Inca mando a incendiar Chinchero mientras huía de los conquistadores españoles, para que éstos se quedaran sin provisiones.

 

Moray:

Luego de un cafecito y una empanada seguimos nuestro camino hacia Machu Picchu no sin antes visitar otros atractivos (la zona está repleta de lugares por visitar). Es así que luego de unos 40 minutos llegamos a Moray, conocido también como el laboratorio inca, y es que según los investigadores, los andenes circulares de Moray funcionaban como un invernadero, donde cada nivel ofrecía un ambiente climático diferente permitiendo cultivar distintas plantas de forma experimental. Los andenes fueron construidos sobre muros de contención rellenados con tierra fértil. Se las regaba mediante complejos sistemas de irrigación. En el fondo de los andenes, existe un sistema que almacena el agua proveniente de las lluvias. Siguiendo ésta práctica se lograron cultivar más de 250 especies vegetales.

 

Salineras de Maras:

A unos 15 minutos de Moray se encuentran las Salineras de Maras, conformadas por más de 3000 pozos de sal natural alimentados por un manantial subterráneo hipersalino que se originó hace 110 millones de años durante la formación de las montañas de la Cordillera de los Andes.

En el lugar hay varios puestos donde podrás comprar sal, artesanía y dulces típicos de la zona.

 

Urubamba:

Panorámica de Urubamba

Dejando atrás las Salineras de Maras, llegamos al pueblo de Urubamba situado a 2.800 m.s.n.m. (lo que podrías agradecer si tienes problemas con la altura). En Urubamba nos esperaban con un rico y reponedor almuerzo buffet en el Hotel Sonesta, para luego unas siempre bien ponderadas cervezas artesanales en la Cervecería del Valle Sagrado (justo abajito del Sky Lodge, en una angostura entre el río Vilcanota y las empinadas montañas… alucinante!), seguimos nuestro camino para llegar a Ollantaytambo, a una media hora en auto.

Ollantaytambo:

Lo primero es reconocer que no sabía nada (pero nada) de Ollantaytambo, salvo que desde acá se toma el tren a Aguas Calientes.

Ollantaytambo es –a mi parecer- uno de los pueblos más alucinantes del Valle Sagrado. Es el único lugar que aún conserva el estilo urbanístico inca, con sus estrechas callejuelas y canales que aún están en uso. Es también el único pueblo inca que continua habitado. Sus calles de piedra conservan la arquitectura incaica combinada con templos y plazas coloniales. Se le conoce como la Ciudad Inca Viviente y es que sus habitantes mantienen algunas de las tradiciones heredadas por sus antepasados incas. Su principal atractivo turístico es el sitio arqueológico (también llamada fortaleza) ubicada junto al pueblo.

Ruinas de Ollantaytambo

El centro arqueológico (muy bien conservado por cierto) fue un centro militar, religioso y agrícola. Sus imponentes terrazas son una muestra más del complejo y desarrollado sistema de construcción inca. Poseen 700 metros de largo, 58 metros de ancho y 15 metros de profundidad. Todo está construido en relación a la posición del sol y al entorno natural. Los andenes crean microclimas particulares que permiten el cultivo de diferentes productos en zonas más altas o bajas.

Uno de los atractivos principales de la fortaleza es el El Templo del Sol, una edificación única en el Valle Sagrado. Está construido sobre la cima de una pirámide de terrazas que conducen a la Plaza Principal. En el Templo del Sol sobreviven 6 monolitos que forman una de las edificaciones más impresionantes del Valle Sagrado de los Incas.

Templo del Sol

Ollantaytambo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Luego de un recorrido por la Fortaleza, las callecitas del pueblo y un pisco sour, nos dirigimos a la estación de Ollantaytambo para tomar el tren que nos llevará a Aguas Calientes, en un recorrido que demora alrededor de 1 hora 30.

Finalizamos el día en Aguas Calientes, pueblo que es la antesala para acceder a Machu Picchu. Terminamos agotadísimos pero felices de haber recorrido gran parte del Valle Sagrado, y ansiosos a la vez porque al siguiente día nos esperaba Machu Picchu. Al fin, después de varias horas viajando estábamos a los pies de lo que se cree sería el centro más importante religioso, ceremonial y también residencial del Imperio Inca. Pero esto ya da para el siguiente post.

 

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