Vinicunca, un día multicolor

(tercera parte)

A mi llegada a Cusco me llamó la atención la cantidad de banderas multicolores que están por toda la ciudad. La Bandera de Cusco está compuesta por distintas franjas de colores que van desde el rojo hasta el violeta: todos los espectros de luz del arco iris. De alguna forma se transformó en la antesala de lo que vería en Vinicunca.

Comenzamos nuestro día muy temprano… con sueño, frío y cansados… pero felices de estar ahí, de saber que a pesar de lo agotador del viaje, tendríamos la oportunidad de apreciar una montaña casi (sólo hay 3 en el mundo) única.

Luego de un calentito desayuno, salimos del hotel rumbo a Vinicunca. Un recorrido que dura unas 3 horas y algo más. El camino en la primera parte del recorrido es tranquilo. Carretera y pueblos a la orilla del camino que aún luchan por mantenerse en pie.

Luego de unos 90 minutos se escucha el ruidito de la luz intermitente del vehículo que señala cambio de dirección, se acabó la carretera y comienza un interminable camino de tierra. Pueblos y más pueblos que viven casi alejado de todo. Montañas imponentes que se muestran frente a ti orgullosas de su majestuosidad.

La brújula del celu va marcando la altitud cada vez más alta… 3800 msnm, 3900… el camino comienza a bordear una escarpada cuesta que en algunos tramos solo da para un vehículo a la vez.

4000, 4500, 4800 msnm hasta que por fin llegas a un amplio sector donde se estacionan todos los vehículos. Bajamos con la única finalidad de estirar las piernas y tomar algo de aire. El frío de las altas cumbres cordilleranas se hace sentir enseguida. Se siente también el aire pesado y el esfuerzo que debes hacer para respirar profundamente.

Desde acá comienza la caminata de cientos de viajeros que van con la sola intención de admirar tanta belleza. Serán unos 2 kilómetros de ida los que se transforman en casi dos horas de camino. El ritmo es lento, a paso pausado, cada respiración se siente.

Antes de partir nuestro guía nos proporciona bastones de trekking. También va provisto de tanque de oxígeno, botiquín de primeros auxilios y lo mejor, una bolsita con hojas de coca para masticar. Este punto es importante destacarlo… en Cusco todos te ofrecen tours y excursiones, pero no vale la pena arriesgarse por unos soles menos. Si vas a subir, seguridad ante todo.

Al inicio de la caminata hay baños y algunos puestos donde puedes comprar agua, galletas, dulces y hasta cervezas.

Comenzamos nuestra caminata, el paisaje es alucinante con la vista de fondo del Nevado Ausangate, la quinta cumbre más alta del Perú. Las hojas de coca son una muy buena compañía, tanto así que a medio camino el guía nos detiene, nos hace a un lado del camino, y nos enseña un rito a la Pachamama con la Sagrada Hoja de Coca. Una especie de agradecimiento por permitirnos estar ahí. Por supuesto ese alto lo aprovechamos también para dosificar energías. Nos queda aún casi 1 hora de camino, y precisamente la última parte es la más difícil. Comienza una pequeña elevación que cada vez se acentúa más, hasta llegar a una altura de 5100 m.s.n.m. Esta es la peor parte del camino quizás, pero a su vez la más gratificante, porque el sacrificio es ampliamente recompensado con los maravillosos colores de Vinicunca, que por fin se muestra en todo su esplendor. El día nos acompañó con un sol radiante, lo que acentuaba aún más sus colores.
Vinicunca debe sus colores a los diferentes minerales con que está compuesta, y estuvo bajo nieves eternas por miles de años, hasta que, debido al derretimiento de las nieves producto del calentamiento global, quedó expuesta mostrando sus colores al mundo.

Llegar a la cima es increíble, una experiencia maravillosa, y a pesar de que hay cientos de turistas más junto a ti tratando de tomar su mejor foto, es un lugar especial para respirar profundo y recargarte de energías. Es como si el reloj se detuviera por algunos instantes. Miras todo lo que has caminado para llegar hasta aquí y no te la crees.  Estás parado frente a Vinicunca y a tus espaldas el majestuoso Ausangate.

Luego de varios minutos comienza nuestro descenso. Cansados pero felices. El camino de vuelta es el mismo, pero pareciera que es más largo (o será que de alguna manera se olvida la extensa caminata de la primera parte). Como sea, ya habíamos cumplido, estuvimos en Vinicunca, a 5100 m.s.n.m. disfrutando, quizás, una de las vistas más hermosas que me ha tocado presenciar.

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